La profesionalidad al descubierto
Descubro la existencia del
Círculo Escéptico. Siempre he defendido que un sano escepticismo es eso: sano. Y de hecho, yo he sido una escéptica durante la mayor parte de mi vida. Ahora bien, el problema para mi surge cuando te limitas a "vivir desde la cabeza" en lugar de desplegar otras partes de tí que también forman parte de tu propia esencia. Porque ahí, cuando trasciendes la mente, entonces se desmorona toda esa estructura que habías construido para protegerte y empiezas a descubrir partes de ti que hasta entonces estaban ocultas. Lo he
escrito en varias entradas hablando, por ejemplo, de
Biodanza o
meditación.
En ocasiones, la ciencia echa por tierra algunas de nuestras creencias al encontrar, por ejemplo,
una explicación científica para las experiencias cercanas a la muerte, que al parecer no son más que "malas pasadas" que nos juega nuestro cerebro. En otras te puedes llevar sorpresas, como que exite un vínculo entre varios trastornos y el mes de nacimiento, como explica el artículo de
El Mundo "
Las enfermedades según el signo del zodiaco". O que "lavarse las manos aclara las dudas". Yo pensaba que ese tipo de cosas eran pura superstición y ahora resulta la revista
Science publica este
experimento realizado por Spike W. Lee y Norbert Schwartz, del departamento de Psicología de la Universidad de Michigan (EEUU) y que refuerza la relación entre cuerpo y mente. A veces ni siquiera los que más saben se ponen de acuerdo en cosas tan básicas como si conviene o no
tomar 2 litros de agua al día. El diario ABC ha consultado a dos expertos acerca de la "electrosensibilidad" y el resultado es tan dispar que merece la pena leer el
debate para sacar conclusiones propias.
Digo esto porque me encuentro una y otra vez con esto que ahora leo escrito por
Luis Alfonso Gámez. En "
Chorradas paranormales", el periodista habla de los "charlatanes de turno" y en eso, en desenmascarar los engaños y
fraudes -como éste del aloe milagroso que lo cura todo-, estamos de acuerdo. También en este
artículo se aborda lo difícil que es a veces distinguir entre ciencia y pseudociencia. Lo que me preocupa es que metamos en el mismo saco de las personas que se dedican a engañar a los demás a quienes tienen unas capacidades diferentes a las de la mayoría y, en general, a cualquier profesional dedicado al mundo de las terapias denominadas "alternativas". Escuchaba a alguien decir que "si una persona dice que es vidente y se pone una túnica para salir en televisión", casi seguro es un timador. Y sí, lo mismo ocurre con un gran número de publicaciones esotéricas. Ahora bien, ¿y el resto de profesionales? Lo abordé ya en mi post "
Los profesionales" de 25 octubre 2010. Ahora pongo ejemplos concretos.
Uno de mis primeros contactos con profesionales de la salud integral fue en
Terriente, un pueblecito de Teruel en el que durante más de 20 años, tres
hermanos de San Juan de Dios desarrollaron un
proyecto de salud integral. Los tres habían salido de los centros sanitarios en los que trabajaban con la intuición de que tenía que haber otras formas de sanar a sus pacientes. La asociación
Betsaida continúa en la casa de San Bruno esa labor de la que nos hemos beneficiado tantas y tantas personas. Recuerdo cómo el hermano Alberto relataba su decisión de investigar nuevas vías después de años atendiendo a pacientes “empastillados” y a quienes el sistema habitual no podría ofrecer alternativa. Una psicóloga con la que he trabajado en varias ocasiones y de la que me consta su gran profesionalidad y calidad humana me explicaba lo limitada que se le quedó la terapia cognitiva habitual cuando conoció técnicas como Bioenergética, que ahora aplica con sus pacientes. Otra colega de profesión que utiliza flores de Bach en su consulta me comenta que en la carrera de Psicología, la asignatura sobre terapias naturales era una “María” y sin embargo, son las técnicas que mejor le están funcionando en consulta. En otra ocasión, recibiendo un masaje coincidí con una fisioterapeuta que me contó cómo, después de años de práctica profesional, descubrió las técnicas orientales de masajes y entonces se dio cuenta de lo limitadísima que era su formación y de lo poco que sabía, por ejemplo, de la relación entre cuerpo y mente o de la incidencia de las emociones en el plano físico que abordan no sólo las medicinas tradicionales, sino también la psicosomática. También escucho el testimonio del
Dr. Karmelo Bizkarra, a quien no conozco personalmente y que narra cómo, tras estudiar Medicina y ejercer un tiempo, descubrió que lo sabía casi todo sobre la enfermedad y casi nada sobre la salud. Fruto de su “crisis” personal nació
Zuhaizpe, un centro de salud y reposo en Navarra, en el que desde 1980 se dedica a buscar y desarrollar nuevas vías en el tratamiento físico y psicoemocional de la enfermedad. Similar testimonio el del
Dr. Mario Alonso Puig cuando confiesa que pasó los 6 años de carrera de Medicina sin hablar de la relación entre médico y paciente.
Suma y sigue...